Esta sensación no la puedo quitar de mi cuerpo, simplemente al verla, caminando por la escuela, sonriendo a todo el mundo, platicando con todos hace que un cosquilleo recorra cada parte de mi cuerpo. Regreso al salón de clases, con la esperanza de verla conectada, si está, como casi siempre empiezo una conversación casual, preguntando como ha estado su día, me dice que está triste, la razón, su novio, han tenido problemas últimamente. Se me hace increíble como sonríe y está bien con todo el mundo y en el fondo hay tanta tristeza. Quisiera quitarla de su mirada, a mi no me engaña, no puede engañarme y curiosamente confía en mi, eso me agrada.
Salimos nuevamente, la encuentro en la cafetería de la escuela y la abrazo, la abrazo con todas mis fuerzas intentando no sofocarla, mi corazón empieza a latir más fuerte.
-¿Estás bien?- me pregunta.
Me alejo rápidamente
- Claro, tu eres la que está triste-
Seguimos platicando, ella como si yo fuera otra persona más en su círculo de amigos, yo como si ella fuera la única con la que quisiera estar, la dueña de mi corazón, y el suyo un corazón que no me pertenece y que no me pertenecerá jamás.
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